
Cuando me miré al espejo esperaba encontrarme con alguna imagen deformada, la imagen de otra persona o cualquier otra cosa que me indicara que aquello no era real, que no era más que un buen sueño o una preciosa pesadilla de las que lamentas despertar.
Pero no pasó nada.
Frente a mí observé mi cara radiando juventud y felicidad a pesar de mi expresión de continua preocupación que pronto desapareció. Me peiné con las manos en la medida de lo que pude. Era el resultado de lo que acabábamos de vivir en la cama. Lo hicimos como nunca. Ni siquiera era capaz de evocar el recuerdo de eso que había vivido hace diez minutos porque nunca me había socializado en la perfección de los momentos. Quizá ahora tendría ocasión de hacerlo.
- Esto no está bien.
Mi propia voz, sacada de lo más profundo de mi inconsciente, me puso de nuevo los pies en la tierra. Era cierto. Aquello no podía ser real. Amanecí desnudo en aquella cama con él abrazado a mí sin que antes sucediera nada. De hecho llevábamos años sin vernos. De hecho, la noche anterior llegué a casa y me acosté sin más. Nada de aquello tenía sentido, pero allí estaba y era tan contundente como cualquier realidad.
Lo escuché entrar descalzo. Casi lo escuché sonreir. Se colocó detrás de mí y pronto sentí todo su cuerpo desnudo abrazándome desde detrás. Su respiración en mi cuello, lenta y tranquila. Lo vi cerrar los ojos y yo también lo hice. Sólo podía escucharlo respirar y notaba su mano recorriento despacio mi cintura. Su nariz ahora respiraba en mi pelo. Era tocar el cielo.
- ¿Qué haces aquí?
La sensaciónde sus labios rozando mi oreja al susurrar esas palabras era electrizante. Me temblaban las piernas y abrir los ojos era imposible a pesar de que deseaba hacerlo con todas mis fuerzas para cerciorarme de aque aquello estaba sucediendo. A los varios segundos alcancé a responder casi en otro susurro:
- Preguntarme exactamente eso...
Estuvimos en silencio de nuevo. Su mano cada vez más arriba. Un éxtasis cada vez más insoportable. Entonces lo comprendí.
- Esto no es real... ¿verdad?
Temía su respuesta, aunque ya la conocía de antemano. Todo aquello ya estaba escrito. Era como un recuerdo inexistente.
- Es tan real como tú quieras que sea.
Nos separamos y me coloqué frente a él sin perder aquel estado de plenitud absoluta a pesar de todo. Su mirada estaba fija en la mía. No dudaba. No mentía. Era transparente. Nadie en el mundo es tan humano. Ni tan real.
- ¿Por qué?
- Porque te merecías esto. Merecías algo bueno y ahora ya lo tienes. Y yo también creo que lo merecías... incluso yo.Es sólo... un momento de paz.
Le sonreí. Sabía que diría aquello, pero no era lo mismo verlo en vivo. Mi mirada se quedó perdida entre el suelo y su rostro y durante un tiempo no dije nada aunque seguía sin perder aquella sonrisa de idiota. Lo miré a los ojos de nuevo.
- En realidad... - alcancé a decir - Necesito escuchar historias bonitas aunque no tengan un final feliz.
Y me fui.
Foto: Alba contemplando los fuegos del Cristo en un aparcamiento. Septiembre de 2007.
Pero no pasó nada.
Frente a mí observé mi cara radiando juventud y felicidad a pesar de mi expresión de continua preocupación que pronto desapareció. Me peiné con las manos en la medida de lo que pude. Era el resultado de lo que acabábamos de vivir en la cama. Lo hicimos como nunca. Ni siquiera era capaz de evocar el recuerdo de eso que había vivido hace diez minutos porque nunca me había socializado en la perfección de los momentos. Quizá ahora tendría ocasión de hacerlo.
- Esto no está bien.
Mi propia voz, sacada de lo más profundo de mi inconsciente, me puso de nuevo los pies en la tierra. Era cierto. Aquello no podía ser real. Amanecí desnudo en aquella cama con él abrazado a mí sin que antes sucediera nada. De hecho llevábamos años sin vernos. De hecho, la noche anterior llegué a casa y me acosté sin más. Nada de aquello tenía sentido, pero allí estaba y era tan contundente como cualquier realidad.
Lo escuché entrar descalzo. Casi lo escuché sonreir. Se colocó detrás de mí y pronto sentí todo su cuerpo desnudo abrazándome desde detrás. Su respiración en mi cuello, lenta y tranquila. Lo vi cerrar los ojos y yo también lo hice. Sólo podía escucharlo respirar y notaba su mano recorriento despacio mi cintura. Su nariz ahora respiraba en mi pelo. Era tocar el cielo.
- ¿Qué haces aquí?
La sensaciónde sus labios rozando mi oreja al susurrar esas palabras era electrizante. Me temblaban las piernas y abrir los ojos era imposible a pesar de que deseaba hacerlo con todas mis fuerzas para cerciorarme de aque aquello estaba sucediendo. A los varios segundos alcancé a responder casi en otro susurro:
- Preguntarme exactamente eso...
Estuvimos en silencio de nuevo. Su mano cada vez más arriba. Un éxtasis cada vez más insoportable. Entonces lo comprendí.
- Esto no es real... ¿verdad?
Temía su respuesta, aunque ya la conocía de antemano. Todo aquello ya estaba escrito. Era como un recuerdo inexistente.
- Es tan real como tú quieras que sea.
Nos separamos y me coloqué frente a él sin perder aquel estado de plenitud absoluta a pesar de todo. Su mirada estaba fija en la mía. No dudaba. No mentía. Era transparente. Nadie en el mundo es tan humano. Ni tan real.
- ¿Por qué?
- Porque te merecías esto. Merecías algo bueno y ahora ya lo tienes. Y yo también creo que lo merecías... incluso yo.Es sólo... un momento de paz.
Le sonreí. Sabía que diría aquello, pero no era lo mismo verlo en vivo. Mi mirada se quedó perdida entre el suelo y su rostro y durante un tiempo no dije nada aunque seguía sin perder aquella sonrisa de idiota. Lo miré a los ojos de nuevo.
- En realidad... - alcancé a decir - Necesito escuchar historias bonitas aunque no tengan un final feliz.
Y me fui.
Foto: Alba contemplando los fuegos del Cristo en un aparcamiento. Septiembre de 2007.
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