domingo, 28 de septiembre de 2008

25. Indeterminación

El infinito es un punto (o quizá más bien no es un punto) en el que todo valor desaparece, porque no hay comparaciones posibles. El uno sólo es pequeño porque existe el dos y el 90.000 es pequeño cuando hay un 700 millones. Pero infinito no atiende a razones. Divide infinito entre cualquier número y seguirá siendo infinito. No hay nada mayor que infinito ni un número inmediatamente inferior a infinito.

Sentir no tiene razón de ser en el infinito. La matriz de los sentimientos se hace tan extensa que desaparecen las coordenadas donde ubicarlos. El tiempo es sólo el ruido de un reloj. La distancia es indiferente. Todo punto es el centro de todo. Todo y nada son lo mismo. No hay conceptos sin opuestos.

Hace ya tiempo que me acostumbré a vivir en el infinito, en el término medio del universo, donde no hay dónde encontrarse excepto en todos los sitios. Hay habitaciones tan grandes cuyas paredes jamás llega a ver ni tocar nadie por mucho que caminen y quizá ya todo perdió el sentido hace demasiado tiempo, como siempre deseé. 

Y ahora es el momento de construir el mundo y llenar ese espacio. Contruir una isla en medio del negro neutro como punto de referencia para navegar hacia ninguna parte. Construirme, en definitiva. Construirse es una aventura que siempre acaba de comenzar. 

Llegó el momento de dividir infinito entre infinito... Se busca infinito.

jueves, 18 de septiembre de 2008

24.Donde están las cosas salvajes

Desvestirlo no fue más fácil que cargarlo desde la calle hasta su piso. Tenía los ojos abiertos y parpadeaba lentamente, pero ese era todo el movimiento que hacía mientras él lo incorporaba con dificultad para quitarle aquella camiseta gris maloliente y tirarla a la esquina más lejana del cuarto. Luego le tocó el turno a los vaqueros y para eso tuvo que irse al otro extremo de la cama. Los lanzó contra la misma esquina en la que estaba la camiseta que probablemente quemaría antes que lavarla. Contempló ahora su cuerpo casi desnudo, pequeño pero fuerte. Perfecto desde su punto de vista nada objetivo.

Se alejó para abandonar la habitación, pero en el marco de la puerta se detuvo una vez más y volvió la vista. La imagen era completamente increíble. Aquella cara de cansancio, con los ojos entrecerrados y aquellas formas de su cuerpo iluminadas por una luz mortecina proveniente de la calle: amarillenta, urbana y sucia, pero más que real. Tentaba hacerle una foto, pero esta vez prefirió guardar la imagen en su cabeza donde sólo él pudiera verla.

- No te vayas...

Lo llamó desde la cama y sonó a suplica, con la voz quebrada.Aquello lo sacó de sus pensamientos e hizo que se sintiera culpable por haberse aprovechado de aquella situación de necesidad para enamorarse de él un poco más. Era la primera vez que lo veía mostrar vulnerabilidad en su vida. Vulnerabilidad y cualquier otra cosa más allá de su pose continua y bien ensayada de independencia y fortaleza. Sí. J tenía sentimientos como siempre sospechó y había tenido que esperar a encontrárselo en un callejón borracho, sucio y llorando diciendo cosas que con suerte no recordaría a la mañana siguiente.

M no le respondió. Se limitó a caminar de vuelta a la cama, se quitó la camisa y se tumbó boca arriba con la vista fija en el techo, sintiéndose incómodo y sin saber qué decir, como desde que habían cogido el ascensor. Podría haberse vuelto hacia el lado de él y observarlo dormir toda la noche como ya hizo alguna vez en secreto, pero esta vez era diferente. Estaba desnudo, no sólo de manera física, y aquello le producía respeto. Así que optó por volverse hacia el otro lado para encontrarse con la mesilla de noche vacía. J había quitado de encima las fotos de aquel pasado que de todas formas lo estaba torturando aquella noche.

De pronto sintió aquella mano que lo buscaba, palpando su pecho para terminar rodeándolo. Electrizante. No tardó en sentir la otra mano pasando por encima de su cabeza, sobre la almohada, y la respiración de J cada vez más cerca de su nuca. Podía olerlo. Aquel olor a sudor, alcohol y bares le habría resultado repugnante viniendo de cualquier persona, pero no de él. Ni siquiera podía excitarse a pesar de estar sintiendo cómo, cada vez más, la piel de él se apretaba más contra la suya, al principio temblorosa y buscando el calor humano. Cuando se hubo acomodado, suspiró en su oído y M era ahora el que empezaba a temblar. No habría palabras para describirlo. Si las estrellas estuvieran vivas, sería eso lo que sentirían en el instante antes de implosionar y comenzar a brillar. Era como el universo colapsándose en un solo punto.

- ¿Te molesta?

Esta vez sí que no había respuesta posible. No existía una respuesta lo suficientemente irónica en el mundo. Se limitó a intentar disimular su respiración cada vez más agitada y su corazón latiendo desbocado, aunque obviamente a estas alturas ya era imposible. Y lo fue aún más cuando aquella mano alrededor de su pecho comenzó a acariciarlo. Imperceptiblemente al principio. Después... Después esa dimensión en la que las no existen las palabras con las que codificar el recuerdo de lo sucedido.


Foto: Eucaliptos en Geneto. Diciembre de 2006.

lunes, 15 de septiembre de 2008

23.Lo próximo

Sólo quiero que me prometas una cosa.
Que te vas a enamorar del mañana.

Foto: alguna tarde de 2005, Alba y Romén en Bajamar.

viernes, 5 de septiembre de 2008

22.Mañana


La razón es la misma razón por la que no moriste: nunca sabes. Nunca sabes si lo que vendrá mañana, un día que se prevé tan rutinario como cualquier otro, cambiará de pronto tu vida para siempre. Una lotería, un accidente, un sentimiento, un encuentro casual, una catástrofe, el amor de tu vida... Esas cosas que nadie se espera y que, de repente, suceden y nunca olvidamos ni un detalle del momento.

La razón de seguir viviendo es la razón para arriesgarse y para aprovechar el momento. Puede que no pidas que tu vida cambie, pero cambia. Algunos de los que están aquí seguirán su camino lejos de aquí y otros se quedarán, pero nunca sabremos quienes. No sabemos si seguiremos amando a quien hoy creemos imprescindible para respirar e imposible de aborrecer. No sabemos lo que hay al doblar la esquina, quién nos dará la mano durante un apagón, quién atropeyará a nuestro perro o a qué desconocido de la biblioteca haremos feliz dentro de dos años.

Nadie espera que sea el 26 de octubre o el 12 de febrero, ni que su avión se estrelle. Todos damos por hecho que nos casaremos, que llegaremos a viejos o que algún día los coches volarán. Pero todo se reduce a una cuestión de posibilidades. No importa cuánto planifiques y cuántas variables tengas en cuenta en tu ecuación porque basta un átomo para destruir la Tierra, un óvulo para comenzar una vida, un estornudo para morir o un café con el amigo de tu amiga para acabar suspirando todas las noches de todo un año.

¿Qué pasa si hoy es ese día? La vida nunca sale como uno se la imagina. Los mayores deseos no siempre se hacen realidad. Pero, a veces, sí.

Foto: Moi y Cora, fotomontaje con photoshop usando cámara ajena. Playa de la Arena, Agosto de 2008.