Desvestirlo no fue más fácil que cargarlo desde la calle hasta su piso. Tenía los ojos abiertos y parpadeaba lentamente, pero ese era todo el movimiento que hacía mientras él lo incorporaba con dificultad para quitarle aquella camiseta gris maloliente y tirarla a la esquina más lejana del cuarto. Luego le tocó el turno a los vaqueros y para eso tuvo que irse al otro extremo de la cama. Los lanzó contra la misma esquina en la que estaba la camiseta que probablemente quemaría antes que lavarla. Contempló ahora su cuerpo casi desnudo, pequeño pero fuerte. Perfecto desde su punto de vista nada objetivo.
Se alejó para abandonar la habitación, pero en el marco de la puerta se detuvo una vez más y volvió la vista. La imagen era completamente increíble. Aquella cara de cansancio, con los ojos entrecerrados y aquellas formas de su cuerpo iluminadas por una luz mortecina proveniente de la calle: amarillenta, urbana y sucia, pero más que real. Tentaba hacerle una foto, pero esta vez prefirió guardar la imagen en su cabeza donde sólo él pudiera verla.
- No te vayas...
Lo llamó desde la cama y sonó a suplica, con la voz quebrada.Aquello lo sacó de sus pensamientos e hizo que se sintiera culpable por haberse aprovechado de aquella situación de necesidad para enamorarse de él un poco más. Era la primera vez que lo veía mostrar vulnerabilidad en su vida. Vulnerabilidad y cualquier otra cosa más allá de su pose continua y bien ensayada de independencia y fortaleza. Sí. J tenía sentimientos como siempre sospechó y había tenido que esperar a encontrárselo en un callejón borracho, sucio y llorando diciendo cosas que con suerte no recordaría a la mañana siguiente.
M no le respondió. Se limitó a caminar de vuelta a la cama, se quitó la camisa y se tumbó boca arriba con la vista fija en el techo, sintiéndose incómodo y sin saber qué decir, como desde que habían cogido el ascensor. Podría haberse vuelto hacia el lado de él y observarlo dormir toda la noche como ya hizo alguna vez en secreto, pero esta vez era diferente. Estaba desnudo, no sólo de manera física, y aquello le producía respeto. Así que optó por volverse hacia el otro lado para encontrarse con la mesilla de noche vacía. J había quitado de encima las fotos de aquel pasado que de todas formas lo estaba torturando aquella noche.
De pronto sintió aquella mano que lo buscaba, palpando su pecho para terminar rodeándolo. Electrizante. No tardó en sentir la otra mano pasando por encima de su cabeza, sobre la almohada, y la respiración de J cada vez más cerca de su nuca. Podía olerlo. Aquel olor a sudor, alcohol y bares le habría resultado repugnante viniendo de cualquier persona, pero no de él. Ni siquiera podía excitarse a pesar de estar sintiendo cómo, cada vez más, la piel de él se apretaba más contra la suya, al principio temblorosa y buscando el calor humano. Cuando se hubo acomodado, suspiró en su oído y M era ahora el que empezaba a temblar. No habría palabras para describirlo. Si las estrellas estuvieran vivas, sería eso lo que sentirían en el instante antes de implosionar y comenzar a brillar. Era como el universo colapsándose en un solo punto.
- ¿Te molesta?
Esta vez sí que no había respuesta posible. No existía una respuesta lo suficientemente irónica en el mundo. Se limitó a intentar disimular su respiración cada vez más agitada y su corazón latiendo desbocado, aunque obviamente a estas alturas ya era imposible. Y lo fue aún más cuando aquella mano alrededor de su pecho comenzó a acariciarlo. Imperceptiblemente al principio. Después... Después esa dimensión en la que las no existen las palabras con las que codificar el recuerdo de lo sucedido.
Foto: Eucaliptos en Geneto. Diciembre de 2006.
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