viernes, 31 de octubre de 2008

28.Días de lluvia


Día de resaca. Hoy el sol salió durante seis horas y de nuevo está oscuro. Creo que va a volver a llover, pero me encanta la lluvia. Unos se mojan y, mientras, las montañas se ponen más verdes a cada segundo que pasa... ¿No es maravillosa la vida?

Foto: La Laguna, 2008

miércoles, 29 de octubre de 2008

27.Hogar


Estar de nuevo los dos en la misma cama de nuevo fue desconcertante, pero demasiado perfecto como para plantearse que todo aquello no era más que un sueño. Irónicamente, fueron aquellos enormes bocadillos a cuatro euros de carne y papas fritas que les vendía ilegalmente la amable chica del bar lo que lo llevó a admitir lo irreal de aquella ensoñación.


Sólo un ratito más. Cuando se despertara en su cuarto con los pies fríos y se acercara a la ventana salpicada de gotitas de agua lo echaría de menos. Así que allí se quedó, obervándolo con la cara hundida en la almohada.


- Eh... levántate y ven a mi cama que ahí estás cogiendo polvo.


Bien pensado era una frase sin sentido, a no ser que se pusiera metafórico-trascendental o un poco guarrito, pero de cualquier manera era la mejor sensación del mundo. Oirlo decir una vez más "estoy muy cansado" y sentir cómo entonces lo abrazaba un poco más fuerte. Y aquel beso y aquella sonrisa. Y de nuevo:


- Estoy muy cansado...
- Yo también.


Luego vino la parte del viejo violador con micropene que perseguía a una niña alrededor de un arbusto y entonces ya todo perdió el sentido.

Foto: autorretrato en el baño. Octubre de 2008

sábado, 4 de octubre de 2008

26. Salvar el mundo


Es lo mismo una semana que un año y que ocho años. Pensaba que las cosas se debilitaban con el tiempo como se desgastan unos zapatos, como se pudre una piel de plátano en mi jardín o como se va rayando un disco de música hasta quedar ilegible. Creía en un proceso natural de olvido y, sin embargo, algunas cosas, algunas personas, quedan enganchadas por dentro de nuestra piel y son tan parte de nosotros como un órgano más. Y esas cosas que nunca dijimos y esas personas a las que no abrazamos por última vez sólo se descompondrán el último día, quizá pasto de los gusanos.

Pasa pocas veces en la vida, por suerte, o yo más bien diría por desgracia. Y ante eso sólo podemos hacer dos cosas: perder nuestro orgullo y probablemente nuestra dignidad luchando por conseguir algo que probablemente no consigamos jamás, chocando una y otra vez contra una pared y rompiéndonos los dientes o llevarnos marcas de nuestras propias mordeduras a la tumba. Con un poco de suerte, los supersticiosos y míticos se equivocan y una vez muertos no nos lamentaremos por lo que hicimos ni dejamos de hacer. Seremos sólo polvo y gas. Si crees que tu supuesta dignidad, tu racionalidad castrada y tu principio de inercia es más importante que lo importante, entonces siéntate, echa una partida de cartas, pide un café y siéntate a esperar la muerte.

Pero si por el contrario susurras nombres lejanos en sueños, vives historias que no tienen valor porque no puedes contárselo a quien te gustaría contárselo, si esperas llamadas o se te aflojan las piernas repentinamente y decides que quieres ser mejor, que quieres que otros sean mejores y que puedes solucionar las cosas, porque sabes que puedes, entonces levántate de esa cama y haz algo. Hoy te animo a luchar por las cosas que quieres y que sabes que siempre querrás, a revivir y sobreescribir el pasado, amar el mañana y perder la cabeza por algo que merezca la pena.


A partir de hoy voy a cambiar el mundo.

Foto: Sesión de desnudos con Sara. Septiembre de 2008.