viernes, 25 de julio de 2008

7.Mundos de plastilina


Es justamente yendo en tranvía o en guagua cuando te chocas de frente contra la realidad y compartes unos minutos con las personas más variopintas a las que seguramente no volverás a ver. A veces me embarga esa horrible sensación de sentir que estamos completamente programados y que la mayoría de la gente ni siquiera se plantea por qué tiene que vivir la vida que tiene y no otra: los borrachos, esas madres adolescentes que no saben cuidar de sus hijos, ese chico con patillas que no deja de reírse con su amigo por tonterías, ese grupito de criticones... Me pregunto en qué medida elegimos nosotros nuestras vidas y, por tanto, en qué medida somos responsables de nuestros actos y no un producto de situaciones previas a nuestra existencia.

No hay una respuesta definitiva para esta cuestión, imagino. Puedo volverme loco y darle vueltas hasta que me duele la cabeza y empiezo a odiar la naturaleza del ser humano. Pero, en cualquier caso, todos somos de algún modo niños asustados ante un mundo que puede devorarnos en cualquier momento. Cada uno es un yo con sus miles de matices e imperfecciones. Eso deberíamos respetarlo ante otra cualquier cosa. Es la filantroía del tranvía.

Foto: Cora ante un cuadro en la exposición del COAC de 2006

1 comentario:

Carlos dijo...

hay algo en tus palabras que me recuerda un poco a mí... a lo que escribo en mi blog... mis historias y reflexiones sobre la vida...

me gusta...

el viajero