Había creado este espacio hace bastantes meses y nunca me había animado a comenzarlo. He tenido muchas buenas ideas desde entonces y desde luego ganas no me han faltado para escribir ni para hacer fotos. Y, sin embargo, siempre faltaron razones.
El viaje que ha supuesto el último año, especialmente después de aquel 29 de julio de 2007, iba a ser (y en cierto sentido ha sido) un viaje sin rumbo describiendo curvas, deteniéndome, dando la vuelta más de una vez. Pero mentiría si dijera que nada importante ha sucedido con mi vida desde entonces. De hecho, quizá haya sido un año de grandes cambios que han pasado desapercibidos. A fin de cuentas, en la vida, todo está cambiando día a día y minuto a minuto aunque no lo percibamos hasta que ha pasado el suficiente tiempo teniendo un punto de referencia.
Y es que yo, como cualquiera realmente, en cierta medida soy dueño de mi mundo. En cierta medida soy dueño de los conceptos que me han hecho aprender. Puedo moldearlos a mi gusto. Puedo imaginar cosas para tener recuerdos que nunca sucedieron y nadie podrá robármelos. Puedo aprovecharme de cualquier sentimiento que tenga para convertirlo en otra cosa diferente. Puedo perdonarme y darme cuenta de que los problemas no existen en ningún lugar más allá de nuestras cabezas.
Y el precio: tenerlo siempre presente. No es fácil. Pero, en cualquier caso, tengo la responsabilidad de un mundo entero y eso es razón suficiente como para describirlo de las maneras que yo pueda traducirlo. Antes de que muera. Antes de que cambie.
Supongo que ahora sólo queda tirar una botella de champán contra el blog...
Foto: ante el espejo, en mayo de 2008
El viaje que ha supuesto el último año, especialmente después de aquel 29 de julio de 2007, iba a ser (y en cierto sentido ha sido) un viaje sin rumbo describiendo curvas, deteniéndome, dando la vuelta más de una vez. Pero mentiría si dijera que nada importante ha sucedido con mi vida desde entonces. De hecho, quizá haya sido un año de grandes cambios que han pasado desapercibidos. A fin de cuentas, en la vida, todo está cambiando día a día y minuto a minuto aunque no lo percibamos hasta que ha pasado el suficiente tiempo teniendo un punto de referencia.
Y es que yo, como cualquiera realmente, en cierta medida soy dueño de mi mundo. En cierta medida soy dueño de los conceptos que me han hecho aprender. Puedo moldearlos a mi gusto. Puedo imaginar cosas para tener recuerdos que nunca sucedieron y nadie podrá robármelos. Puedo aprovecharme de cualquier sentimiento que tenga para convertirlo en otra cosa diferente. Puedo perdonarme y darme cuenta de que los problemas no existen en ningún lugar más allá de nuestras cabezas.
Y el precio: tenerlo siempre presente. No es fácil. Pero, en cualquier caso, tengo la responsabilidad de un mundo entero y eso es razón suficiente como para describirlo de las maneras que yo pueda traducirlo. Antes de que muera. Antes de que cambie.
Supongo que ahora sólo queda tirar una botella de champán contra el blog...
Foto: ante el espejo, en mayo de 2008
1 comentario:
muchas gracias por pasarte por mi blog y por dejarme un comentario...
estoy echando un vistazo a lo que tienes por aquí... y me gusta...
la fotografía es una de mis grandes pasiones...
y sí, la vida está llena de cambios, de pruebas, de aprendizaje...
lo bueno es poder ser consciente de que todo nos está llevando hacia lo mejor... y disfrutar del viaje!!!
un saludo!!!
el viajero
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