
Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que las cosas me importaban más y creía en bellezas hiperrealistas y realidades intengibles. Todo tenía una dimensión mucho más poética que flotaba unos metros por encima de nuestro mundo. Pero empiezan a pasar cosas y esas cosas que pasan, que en principio no eran más que uno de esos ingredientes que hacen interesante la vida, comienzan a arrastrar el recubrimiento dorado y brillante de todas aquellas cosas que antes apreciabas y en las que creías casi por inercia.
Y cuando encuentras el metal viejo y oxidado que se ocultaba bajo todas y cada una de esas reliquias no es que se vuelvan tristes y despreciables... simplemente desaparece el punto de referencia de lo que es el valor y pronto te descubres con esa mirada de incredulidad y escepticismo hacia todo lo que signifique amor, buenas intenciones, altruismo, madurez, sentido de la responsabilidad...
Así que, para no cometer errores, esperaré a que alguien me demuestre que me equivoco, que había una razón para aquellos delirios cursiloides sobre lo bello y lo especial y lo tierno de lo humano. Y hasta entonces me conformaré con despreciar mis alucinaciones y cubrir mis sueños con una capa de pintura blanca.
Foto: Cora reflejada en una ventana, en el Draguillo, 26 de julio de 2008.
Así que, para no cometer errores, esperaré a que alguien me demuestre que me equivoco, que había una razón para aquellos delirios cursiloides sobre lo bello y lo especial y lo tierno de lo humano. Y hasta entonces me conformaré con despreciar mis alucinaciones y cubrir mis sueños con una capa de pintura blanca.
Foto: Cora reflejada en una ventana, en el Draguillo, 26 de julio de 2008.
1 comentario:
pues no hay que esperar a que nadie venga a demostrarnos nada, si no estamos perdidos... uno mismo tiene que evitar que esa pintura blanca nos cubra... y seguir creyendo en los sueños a pesar de todo... para mí es lo único real...
y luego todo APARECE y se revela...
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