
La razón es la misma razón por la que no moriste: nunca sabes. Nunca sabes si lo que vendrá mañana, un día que se prevé tan rutinario como cualquier otro, cambiará de pronto tu vida para siempre. Una lotería, un accidente, un sentimiento, un encuentro casual, una catástrofe, el amor de tu vida... Esas cosas que nadie se espera y que, de repente, suceden y nunca olvidamos ni un detalle del momento.
La razón de seguir viviendo es la razón para arriesgarse y para aprovechar el momento. Puede que no pidas que tu vida cambie, pero cambia. Algunos de los que están aquí seguirán su camino lejos de aquí y otros se quedarán, pero nunca sabremos quienes. No sabemos si seguiremos amando a quien hoy creemos imprescindible para respirar e imposible de aborrecer. No sabemos lo que hay al doblar la esquina, quién nos dará la mano durante un apagón, quién atropeyará a nuestro perro o a qué desconocido de la biblioteca haremos feliz dentro de dos años.
Nadie espera que sea el 26 de octubre o el 12 de febrero, ni que su avión se estrelle. Todos damos por hecho que nos casaremos, que llegaremos a viejos o que algún día los coches volarán. Pero todo se reduce a una cuestión de posibilidades. No importa cuánto planifiques y cuántas variables tengas en cuenta en tu ecuación porque basta un átomo para destruir la Tierra, un óvulo para comenzar una vida, un estornudo para morir o un café con el amigo de tu amiga para acabar suspirando todas las noches de todo un año.
¿Qué pasa si hoy es ese día? La vida nunca sale como uno se la imagina. Los mayores deseos no siempre se hacen realidad. Pero, a veces, sí.
Foto: Moi y Cora, fotomontaje con photoshop usando cámara ajena. Playa de la Arena, Agosto de 2008.